6/9/11

Cuaderno de bitácora. Fecha estelar 2011.9.6

Tres años y varios planes de rescate y estabilización después, Europa afronta los mismos dilemas claros y contundentes. Los mismos de los que ha corrido para escapar con todas sus fuerzas. Hemos convertido especular contra la deuda soberana en el negocio más seguro del mundo y los mecanismos de cooperación han crecido un poco, pero en lo demás seguimos donde estábamos.

O más Europa, o cada uno como pueda. O inflación, o paro. O primero el equilibrio y luego el crecimiento, o primero el crecimiento y luego el equilibrio. A las puertas de lo que suena a una segunda recesión, esos son los dilemas que deben resolverse. Siempre fueron esos.

Tienen que aclararlos los gobernantes como Merkel, Sarkozy o Zapatero. Pero también debemos resolverlos los ciudadanos como usted y como yo.

Por que ¿de verdad estamos listos para los cambios que van a traer los eurobonos a nuestra soberanía y gobierno económico, o sólo nos acordamos de Alemania cuando truena?

¿De verdad estamos listos para pagar ese impuesto voraz y peligroso que es la inflación para que los demás encuentre trabajo, o el paro es algo que sólo nos preocupa cuando nos afecta?

¿De verdad estamos listos para asumir que la fiscalidad debe cambiar radicalmente y las coartadas que todos nos buscamos para amparar el fraude fiscal sólo son eso, coartadas, o vamos a seguir con la milonga de que pagamos muchos impuestos y lo que hay que hacer es gastarlos mejor y todo arreglado?

Mi profesor de economía política, el venerable catedrático Otero, siempre decía que la deuda era un impuesto que gravaba a nuestros hijos y nietos. Nunca fue tan verdad.

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